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El Pejerrey, rey de las lagunas.

Que sacrificio no hará un pescador por capturar al esquivo y arisco pejerrey. Se embarca en un pequeño bote a remo, en pleno invierno con temperaturas bajísimas, con lluvia y viento. Está casi todo el día sin comer, manteniéndose en pie durante horas, con la vista fija en unas diminutas boyas que se mueven constantemente en las agitadas aguas. Termina la jornada de pesca agotado, con el cuerpo congelado y vencido por el cansancio, el hambre y la tensión. Le arden los ojos y no siente las manos ni los pies…., pero está feliz porque pudo “enganchar” unas buenas piezas de esta “flecha de plata”. La pesca del pejerrey es realmente compleja. El éxito depende de muchísimos factores, del clima, de la luna, de la abundancia, del nivel de la laguna, de si acertamos con la profundidad a la que se está alimentando, de si acertamos con la correcta carnada para “este” momento, etc., etc., etc. Aunque es cierto que muchas veces la pesca es una excelente excusa para descansar, estar con amigos o comer un buen asado, si se trata de pescar pejerrey la cosa no suele ser así de fácil.

Ni que hablar de lo delicioso que resulta un buen file de pejerrey recién pescado, con la carne blanquísima, firme y con la característica línea lateral plateada. Ha hecho famosas a ciudades como Chascomús y la convirtieron en parada obligada de almuerzos camino a la costa.

El Pejerrey (Odonthestes bonariensis) es el pez de agua dulce más famoso de la Argentina. Es también la especie que más ha sido estudiada en el país. Se encuentra distribuido en ríos. Lagunas, arroyos, estanques y embalses desde Buenos Aires y Río Negro en el sur, hasta Jujuy en el Norte; y desde la cordillera a Brasil.

Desde los comienzos del siglo XX (1904) se realiza su reproducción artificial, sobre la base de reproductores capturados en ambientes naturales. Tiene una gran importancia económica, tanto por su pesca deportiva como comercial. Sin embargo, su cría es exclusivamente extensiva y natural. Es un pez de muy bajo crecimiento y por lo tanto su eficiencia de conversión de alimento es baja, es muy sensible al manipuleo ya que no ha sido domesticado (como por ejemplo la trucha). Su reproducción y crianza artificial son muy dificultosas y no han tenido éxito económicamente sustentable.

Por suerte es un pez de alta producción en ambientes naturales, lo que satisface la demanda interna a un razonable costo. Tiene una alta tasa de reproducción y es eficiente aprovechando el alimento natural disponible en las numerosas lagunas de la pampa.

La Provincia de Buenos Aires sola cuenta unas 1.700 lagunas que representan más de medio millón de hectáreas de superficie de agua. En la mayoría de estas lagunas se encuentra presente el pejerrey, aunque no siempre en las cantidades y de los tamaños deseados. El problema que se suele plantear en las lagunas es que las poblaciones de peces (sobre todo la de Pejerrey), van decreciendo en número y en edad. Esto se debe a algunos errores de manejo de los ambientes en que se practica pesca deportiva o comercial.

Es sumamente rústico y se adapta a distintas composiciones químicas del agua, tolerando alta salinidad y baja acidez. Por lo contrario es muy susceptible al manipuleo físico, a la contaminación ambiental y a las altas temperaturas.

El pejerrey alcanza su estado adulto al año de edad (precoz) y se reproduce por primera vez al empezar el primer año. Para entonces ya utiliza energía para la fabricación de sus órganos sexuales, posponiendo el crecimiento y explicando en parte su lento crecimiento posterior.

Tiene dos periodos de desove, el primero y principal ocurre entre julio y diciembre con su máximo entre septiembre y noviembre; el segundo más corto entre marzo y abril. Cada individuo se reproduce una sola vez al año y una hembra adulta (4 a 5 años) puede poner entre 35.000 y 40.000 huevos por desove. Los huevos tienen una corona de filamentos pegajosos, de modo que se aglutinan formando un racimo que se hunde y pega a la vegetación acuática.

Los huevos representan un alimento fácil y muy buscado por la fauna acuática en general. De los huevos que sobreviven, nacen a los 20 a 30 días los alevinos, pequeños peces delicados y débiles que buscan inmediatamente refugio en la vegetación acuática presente.

Hay dos modalidades de siembra de pejerreyes en las lagunas: la siembra de los alevinos durante la primer semana de vida, o se mantienen en estanques hasta que tengan unos 40 a 45 días (vesícula reabsorbida). Muy pocos centros de piscicultura realizan esta “recría” de alevinos y suele realizarse la siembra de los alevinos recién nacidos, con una menor tasa de supervivencia.

La alimentación del pejerrey es esencialmente planctónica (vegetal y animal), además de algunos pequeños moluscos y otros pequeños organismos acuáticos. Alrededor de los 300 gramos su alimentación cambia y se convierte en un predador de alevinos y juveniles de otras especies, y de la suya misma, devorando gran cantidad de individuos y realizando así una regulación del tamaño de la población.

Publicado en la revista Tigris. Septiembre de 1999.

Arturo M. Ossorio Arana

Ing. en Prod. Agropecuaria